La hospitalidad lleva implícita una huella de hostilidad. El término latino hospes, que designa tanto al anfitrión como al huésped, comparte su raíz con hostis, una palabra que originalmente significaba «extranjero» y que más tarde pasó a significar «enemigo». Una tensión que Derrida plasmó en su concepto de hostipitalidad.
Acoger a alguien significa abrir la puerta a lo desconocido, combinando generosidad y cautela en un mismo gesto.
Esta ponencia explora el diseño de espacios hospitality desde esa ambigüedad. Cuando viajamos, todos somos extranjeros que llevamos fragmentos de lo familiar a espacios desconocidos, con la esperanza de ser acogidos.
El hotel, la posada y la casa de huéspedes se convierten en lugares donde esta antigua tensión se negocia a través de la arquitectura: los umbrales y los patios, la luz y los materiales, y la cuidadosa articulación de la privacidad y el encuentro.
En su máxima expresión, el diseño hospitality no busca borrar nuestra condición de extraños, sino ofrecerle refugio, brindando al viajero no una réplica de su hogar, sino una experiencia mucho más singular: sentirse como en casa sin dejar de ser un extraño.
